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Pisando el freno, porque emprender no siempre es fácil

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No tenía muy claro si escribir o no este post, pues no suelo hablar de temas muy personales y esto que te voy a contar, sin duda lo es.

Después de darle muchas vueltas he decidido que sí, que iba a hacer un balance de forma pública pues creo que muchas os podéis sentir como yo, seáis emprendedoras o trabajéis por cuenta ajena.

Si me sigues, sabrás que me lancé a este proyecto cuando mi hija pequeña tenía tan solo 6 meses. Y mi hijo mayor 2.

Siempre he sido muy emprendedora pero tenía muchas dudas y creencias limitantes que no me dejaban lanzarme a la piscina.

Finalmente me decidí y, ahora que me he metido de lleno en esto de emprender, sé que ya no hay vuelta atrás. Yo ya no voy a poder dejar de ser una alma emprendedora. Jamás.

Pero emprender siendo mamá de dos menores de 3 años no es moco de pavo.

He tenido que sacrificar horas de estar con ellos y muchas veces he estado con ellos de cuerpo presente, pero con la cabeza en mis proyectos.

Y sí, esto es algo que sé que debo cambiar. Desde ya.

 

Empecemos por el principio.

Cuando empecé con esta aventura, mi proyecto no iba a llamarse TimuMama. Escogí otro nombre que también tenía mucho significado para nosotros, con muchísima ilusión.

Aunque la alegría me duró poco, pues en nada y menos tiraron por tierra todos mis planes.

Supuestamente (y digo supuestamente, pues tiempo después la Oficina Española de Patentes y Marcas me concedió la marca, dándome en cierta manera la razón) se parecía a otras dos marcas ya existentes. Una de las cuales yo ni siquiera conocía.

El caso es que, después de consultar a un abogado especializado y teniendo en cuenta que aún no había lanzado ni siquiera la web, decidí cambiar el nombre de mi proyecto.

He de reconocer que me fastidió bastante al principio, pues sobretodo las formas en las que se me “invitó” a cambiar mi marca dejaron bastante que desear.

Creo que pensaron que era una cualquiera que un día se levantó y decidió que iba a emprender y que, como no tenía imaginación, les “copiaba” el nombre. Ejem.

Ha pasado el tiempo y creo que ha quedado bastante claro que eso no es así, ni por asomo. Que me tomo mi trabajo muy en serio y esto no es un pasatiempo para mi.

Y que no sólo yo no copio a nadie, sino que me copian a mi. Pero eso ya te lo cuento otro día 😉

Echando la vista atrás, hace tiempo que veo todo lo que ocurrió como una gran ventaja. Y, ¿sabes por qué?

Porque creo que todo pasa por algo.

Y en esa ocasión aprendí bien rápido que en este sector, a veces no todo es tan bonito como parece.

Eso me sirvió para ir con pies de plomo y fijarme muy bien con quien me relacionaba.

La inocencia me duró medio segundo, cierto, pero lo miro por la parte positiva y sé que mi proyecto tenia que ser TimuMama y no otro.

 

Así que gracias, sí, gracias por darme una buena patada de realidad.

 

Yo no guardo rencor a nadie, pues para mi fué una lección de vida y creo que ha quedado muy claro que esas personas estaban muy equivocadas.

Y si esas personas me tienen rencor a mi, pues es problema suyo. La verdad es que ni lo sé ni me interesa demasiado, si bien creo que sería un tanto absurdo a estas alturas.

Pero, ¿quién soy yo para decirle a nadie lo que tiene que pensar?

Yo soy la primera que se considera una alma libre. Me gusta ir a mi aire y odio que me digan lo que debo hacer. Así que cada uno a lo suyo 😉

 

He querido contarlo porque fue algo determinante y, desde entonces, todo ha ido a mejor y no puedo estar más contenta de todas las personas que he ido conociendo y que me han aportado tanto.

 

La primera, mi socia y amiga Irantzu Ansorena de Portakanguritos, con la que estamos trabajando duro desde hace casi un año en un nuevo proyecto también relacionado con la maternidad y la crianza del que aún no puedo hablar.

Sólo te puedo decir que va a ser la caña.

Gracias Irantzu por estar ahí siempre, eres la mejor. Te quiero mucho.

 

En segundo lugar, esa mala experiencia que me preparó la vida nada más lanzarme con mi proyecto, me permitió llegar hasta Beatriz Moreno y su escuela KangureArte.

Si todo pasa por algo, tengo muy claro que esto pasó para encontrarlas. A ella, a Andrea y al resto de compañeras de la escuela.

 

Somos una gran familia en la que nos sostenemos y compartimos muchas cosas.

 

De nuevo, mil gracias por estar ahí siempre.

 

Pasaron los meses y me ví en la necesidad de renovar la imagen de marca y la web de TimuMama, pues sentía que no conectaba con mis clientas ni comunicaba lo que no necesitaba comunicar.

Así que, después de formarme con Isabel Leyva en su programa Conquista con tu negocio me lancé de lleno a renovar absolutamente todo.

Contraté a una copywritter profesional y a unos diseñadores que me encantaban y me dejé ahí la mitad de mis ahorros, de mi tiempo y de mi esfuerzo.

Sin embargo, creo que el resultado lo vale. Y mucho.

Mientras avanzaba con el rebranding y la nueva web, me fuí formando con muchos profesionales del Marketing digital: Roberto Gamboa, Javier Barros, Dean Romero, Rosa Morel, Vilma Nuñez..me dejo a unos cuantos, pero no quiero aburrirte.

 

 

Por si es la primera vez que me lees, debes saber que soy Licenciada en Administración y Dirección de Empresas y que, por eso, todo lo que tiene que ver con el Marketing me apasiona.

Actualmente estoy formándome de nuevo con Rosa Morel esta vez junto con Bea Moure y el más importante, el que creo que es el curso de mi vida, Productividad Emprendedora de Isa y Juanmi de Más y Mejor.

No conforme con todo eso, tampoco dejé de lado mi formación en maternidad y crianza, y el año pasado también amplié mis horizontes e hice un curso revelador con Noelia Sánchez de Cor a Cor sobre Duelo gestacional y neonatal.

También me formé como Asesora Certificada en Disciplina Positiva y actualmente sigo en formación con Noelia Prieto y su formación de Asesora de Lactancia.

Creo que el curso que me hizo darme cuenta de que debía empezar a pisar el freno fué el de Duelo gestacional.

Me rompió todos los esquemas y me di cuenta de que aún tenía cosas que sanar.

Pero aún así no paré.

Lancé la nueva web y monté la tienda física, todo ello mientras seguía formándome y con dos hijos pequeños a los que atender.

 

 

Lo que pasó después era de esperar.. y es que exploté.

Me dí cuenta de que ya llevaba un tiempo en el que mi memoria estaba seriamente trastornada y tenía muchos dolores de cabeza. Y me asusté.

Esto no lo he contado nunca, pero mi padre murió hace casi 8 años de un tumor cerebral. Y empezó justo igual que yo.

Así que sí, me asusté y mucho.

Pero superé mis miedos y me fuí a ver al neurólogo, que me envió de urgencia a hacerme una resonancia. Con mis antecedentes, no nos lo podíamos tomar a broma.

Ni te cuento el miedo que pasé desde el 14 de diciembre que me hicieron la resonancia hasta el 2 de enero que me dieron los resultados. Me imaginaba lo peor.

Me imaginaba sin ver crecer a mis hijos y todas las horas extra que había dedicado a mi negocio, cuando había dicho que lo que quería era trabajar menos, como una pérdida de tiempo de calidad que podría haber pasado con ellos.

Llegó el 2 de enero y me fuí a por los resultados.

 

El año podía empezar muy bien o, por el contrario, muy muy mal.

 

Por suerte, me dijeron que de momento no hay ningún tumor.

Me sentí aliviada, muchísimo.

Aquel día renací.

 

Pero hay algo que claramente está afectando seriamente a mi salud: el estrés.

 

2017 ha sido un año de pequeños pasitos y méritos personales, pero he acabado agobiada y estresada a unos niveles que ya no puedo sostener.

Si eres mamá emprendedora, seguro que te has sentido así alguna vez.

Y si trabajas por cuenta ajena, seguro que también. Que encima tienes que andar dando explicaciones al jefe de turno sobre si tus hijos están enfermos o lo que sea.

Qué pena de conciliación hay en este país.

 

Así que en 2018 me he propuesto algo: ESCUCHARME y, sobretodo, PISAR EL FRENO.

 

Llevo demasiado tiempo cuidando únicamente a los demás, sin acordarme de mi misma.

Y creo que es básico que yo esté bien para acompañar a los demás, ya sea a mi familia (sobretodo a mis hijos, que son los que más me necesitan) o a las mamás que ayudo desde TimuMama.

Porque la realidad es que me lancé con este proyecto para ayudar a otras mamás y para conciliar mejor mi vida laboral y familiar (cosa que sin duda he conseguido), pero ahora mismo siento que necesito BAJAR EL RITMO.

Parar no, no puedo parar.

Pero sí necesito respirar y coger impulso para todo lo que viene.

 

Así que 2018 va ser el año de la calma, así lo he decidido y esta vez sí, ME VOY A ESCUCHAR.

 

¡Seguimos! Sin prisa, pero sin pausa.

Y hasta aqui el tostón de hoy 😉

Si quieres, déjame un comentario y dime qué te ha parecido el post y si alguna vez te has sentido igual o de forma similar. Estaré encantada de leerte.

Un abrazo grande y feliz semana.

 

 


Fotos: Imagen destacada de Belle Photography. Resto, Pixabay y archivo personal.